El Obispo de Jaén, Don Amadeo Rodríguez Magro, ha presidido la peregrinación a Tierra Santa y Jordania que, desde el 8 hasta el 15 de julio, nos ha llevado a conocer los lugares santos. Aquellos en los que Cristo nació y vivió. Su vida pública, así como los lugares donde fue condenado a muerte, murió y resucitó.

La peregrinación, organizada por el Secretariado de Turismo y Peregrinaciones, también ha visitado Jordania, en concreto, el enclave arqueológico de Petra, declarado Patrimonio de la Humanidad y considerado desde 2007 como una de las siete maravillas del mundo moderno.

Los peregrinos han disfrutado, no solo de los lugares sagrados sino que han podido participar en Eucaristías en estos lugares tan relevantes para el mundo católico.

El Monte de las Bienaventuranzas y el Mar de Galilea, primeras paradas de la peregrinación a Tierra Santa

Peregrinación diocesana por la tierra de Jesús. Después del viaje, Madrid- Tel Aviv, los peregrinos amanecieron en Nazaret.

Allí contemplaron la gruta de la Encarnación, participaron en la Eucaristía, que presidió el Obispo y concelebraron los sacerdotes diocesanos que participan en este viaje religioso. Rezaron el Ángelus en la Basílica de la Anunciación.

También, en este primer día, visitaron el Monte de las Bienaventuranzas, para a continuación, visitar los Santuarios de la multiplicación de los Panes y Peces y el Primado de Pedro, en el que los peregrinos recordaron y meditaron sobre el Evangelio de San Juan, en el que Cristo resucitado pregunta hasta tres veces a Pedro si lo amaba.

Después, se trasladaron a Cafarnaúm para visitar  los restos arqueológicos y la Sinagoga Blanca.

Por la tarde tuvieron una travesía en barco por el Mar de Galilea. Y después conocieron la Iglesia de las Bodas de Caná de Galilea, donde Cristo comenzó su vida pública. Allí los matrimonios renovaron sus promesas conyugales ante el Prelado jiennense.

La ruta continuó, camino hacia Petra…

La peregrinación diocesana conoce Petra

El tercer día de la peregrinación a Tierra Santa impulsada por la Diócesis, a través del Secretariado de Turismo y Peregrinaciones, ha visitado Jordania.

La primera parada ha sido en Jerash, la ciudad romana que mejor conservada en Oriente Medio. Fue como trasladarse a la Roma clásica: el Arco de Adriano, el teatro romano, la Plaza de las Columnas, así como algunos restos de iglesias de la época bizantina.

Por la tarde, la excursión se dirigió hacia Petra. Capital del antiguo reino Nabateo, la parada más espectacular fue delante del tesoro, los restos de palacio que se conservan con su característica piedra rosada.

Ya en el hotel, el Obispo presidió la Eucaristía. En el altar, lucía la Cruz de la Misión y contó con la participación de todos los peregrinos.

Con la visita a Belén y a Jerusalén culmina la peregrinación a Tierra Santa

Después de dos días en Jordania, la peregrinación diocesana que preside el Obispo de Jaén, Don Amadeo Rodríguez Magro, regresaba a Israel para completar el recorrido en la tierra de Cristo.

Su primera parada fue a las orillas del Jordán, donde los peregrinos renovaron las promesas del Bautismo. También el Obispo renovó esas promesas bautismales con agua extraída del Jordán, en el mismo lugar en el que San Juan lo hacía.

La Parroquia del Buen Pastor de Jericó fue el lugar elegido para celebrar la Eucaristía de ese día. Jericó, situada a la orilla del Río Jordán tiene presencia en la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Josué, logró derribar sus murallas, cumpliendo lo que Dios le indicó. En Jericó también se encuentra el monte de las Tentaciones, y es el lugar del encuentro de Jesús con Zaqueo. En la celebración, el Obispo quiso recordar a este personaje, quien con solo ver a Jesús, lo reconoció como el Mesías y lo acogió en su casa.

Jericó dista de Jerusalén 27 kilómetros. Esa fue la siguiente parada del viaje. En el autobús, los peregrinos entonaban el salmo: “Qué alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del Señor, ya están pisando nuestros pies tus umbrales Jerusalén”. La llegada a Jerusalén fue casi al anochecer, por lo que ese día los peregrinos no pudieron admirar el esplendor de la ciudad que vio morir y resucitar al Hijo del Hombre.

A la mañana siguiente, emprendieron viaje hacia Belén, para celebrar la Eucaristía en la Basílica de la Natividad. En concreto, en la gruta donde una estrella marca el lugar donde vino al mundo el Hijo de Dios. Una emotiva celebración, en la que, a pesar de estar en pleno mes de julio, se celebró la Navidad con los cantos de Villancicos. Allí también conocieron otras grutas como la de San José o la de los Santos Inocentes.

De regreso a Jerusalén, el domingo, día del Señor, fue el día más intenso por ese encuentro con el misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor. La Eucaristía se celebró en Getsemaní, tras visitar los lugares Santos de la Ascensión y Padrenuestro.  También se detuvieron en la Iglesia de Santa Ana y en la dormición, lugar de la Asunción de María.

Por la tarde, los peregrinos cargaron con una cruz por la Vía Dolorosa, y rezando un Vía Crucis llegaron hasta el Santo Sepulcro. En la Basílica del Santo Sepulcro se encuentra, no sólo el lugar donde Cristo fue sepultado y  donde resucitó, sino que en la misma Basílica también está el Calvario donde Jesús entregó su vida por nuestra redención. Después de estos momentos de oración, de encuentro con el Señor, los peregrinos tuvieron oportunidad de conocer el centro de Jerusalén.

Ya por la noche, en el hotel, el Obispo presidió una Acción de Gracias por el viaje y bendijo los objetos religiosos que los peregrinos han comprado en estos días. Culmina así, una peregrinación a ese quinto Evangelio, como se conoce a Tierra Santa.

Eucaristías celebradas en Tierra Santa:

Fotos recibidas de los peregrinos Fotos publicadas en diocesisdejaen.es
 

Vídeo de algunos momentos:

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