Cerca de 50 peregrinos de la Diócesis de Jaén hemos vivido estos días una experiencia que va mucho más allá de un viaje. Bajo la dirección espiritual de D. Miguel Ángel Solas y con la presencia del sacerdote D. Manuel Ceacero, hemos recorrido algunos de los lugares más cargados de historia, fe y paisaje de la geografía española, poniendo en el centro de todo aquello que nos une: la figura de San Eufrasio, patrón de nuestra tierra.

El camino empieza: Astorga nos da la bienvenida

El 22 de junio arrancó la aventura. Con las maletas cargadas y muchas ganas, pusimos rumbo a Astorga, esa joya leonesa de la Maragatería que guarda siglos de historia entre sus calles. Una ciudad que, para quienes no la conocían, fue una grata sorpresa desde el primer momento. El Palacio de Gaudí fue nuestra primera parada, y no defraudó: una obra que combina fe, arte y atrevimiento de una manera difícil de olvidar.

Desde allí, ya con el espíritu de peregrinos bien despertado, continuamos hacia Asturias para instalarnos y comenzar a descansar antes de los días intensos que venían.

 

Covadonga: donde la fe tiene nombre de montaña

Si hay un momento que ha marcado esta peregrinación, ese fue el 23 de junio en Covadonga. Celebramos la Eucaristía para todo el grupo en la Cueva donde se venera a la «Santina«, la Virgen patrona de Asturias, en un ambiente de una intimidad y una emoción que pocas veces se encuentran. Hay lugares donde rezar se siente diferente, y este es uno de ellos.

Después, subimos a los Lagos de Covadonga, con ese paisaje verde e imponente que parece hecho para hacernos pequeños de la mejor manera posible. Por la tarde, Oviedo nos recibió con su catedral y sus plazas, cerrando un día que muchos de los peregrinos ya llevan guardado en lo más hondo.

 

Del Cantábrico a las Catedrales: el día más marinero

El 24 de junio fue el día más viajero del programa. Avilés, con su casco antiguo, nos mostró esa mezcla de villa marinera y ciudad viva que tan bien convive en el norte. Después llegó Cudillero, ese pueblo colgado sobre el mar que parece sacado de un cuadro, con sus casas de colores y el olor a salitre en el aire. Y como broche, la Playa de las Catedrales, en la Mariña Lucense, con sus arcos de piedra moldeados por el Atlántico durante milenios.

 

La tumba de San Eufrasio: el corazón de la peregrinación

El 25 de junio fue, sin duda, el día más esperado. Por la mañana nos acercamos hasta la Iglesia de Santa María do Mao, en Padrón, un templo de orígenes prerrománicos con la peculiaridad única de estar rodeada por un cementerio cubierto. Allí se conserva la tumba de San Eufrasio, el primer obispo de Jaén, uno de los Siete Varones Apostólicos enviados a evangelizar Hispania. Celebramos la Eucaristía juntos, en ese lugar tan nuestro aunque esté tan lejos, y fue imposible no sentir el peso hermoso de lo que significa ser Iglesia a través del tiempo.

Por la tarde, Santiago de Compostela nos acogió con la majestuosidad de siempre: la Plaza del Obradoiro, las calles del casco histórico, esa sensación de que el camino siempre acaba bien. Y terminamos, este día tan especial, con una maravillosa mariscada.

 

El regreso: Allariz y el sabor del hasta pronto

El 26 de junio tocó volver. Pero antes, una última parada: Allariz, una de esas villas gallegas que enamoran en silencio, con su centro declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1971 y ese carácter tranquilo y bien cuidado que invita a quedarse. Fue el cierre perfecto para un viaje que habrá dejado huella en cada uno de los que lo hemos compartido.

 

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Testimonio de los peregrinos

Después de estos cinco días intensos destaco la visita a San Eufrasio, el sitio donde se venera su sepulcro, la sencillez de su santuario, la naturaleza que le rodea y sobre todo la paz que transmite y se percibe. Es una alegría haber estado en la celebración de la Eucaristía en este lugar.

Desde siempre he sabido que San Eufrasio es nuestro Patrón y el fundador de nuestra diócesis, pero ha sido el peregrinar a su tumba, lo que me ha hecho entender lo que esto significa. Estar en ese lugar tan hermoso y tan sencillo, donde celebramos la Misa, ha sido importante para mi. La tormenta estaba fuera. Oíamos los truenos y la lluvia en el tejado, pero dentro sentíamos paz. Gracias por todos los momentos de oración compartidos, por todas las risas y buenos ratos que hemos pasado juntos.

Dar las gracias a todos los participantes del grupo por la buena acogida recibida y por haber hecho posible pasar unos días en hermandad para el recuerdo.

Un camino interior de esta semana diferente a un sitio sencillo, un recorrido con muchos momentos emotivos, sin duda, al patrón de Jaén. En esa ermita que transmitía una espiritualidad y con la paz que allí se respiraba.

Ha sido una Peregrinación muy emotiva. En cada Eucaristía, en cada lugar, ha sido un Encuentro con el Señor muy especial. Les doy las gracias a los Sacerdotes que han hecho posible esta Peregrinación y también a todas las personas que han participado en ella. La convivencia ha sido bonita, para recordar.

La Peregrinación ha sido muy emotiva para recordar y llevarla en el corazón. Gracias por todo.

Nos hemos alegrado mucho de realizar esta peregrinación, que ha sido para nosotros, perfecta en su organización y vivida desde la fe, la oración y la convivencia. Hermosas y entrañables Eucaristías. Valoramos positivamente, la ruta y lugares tan variados en tan pocos días. Asombroso el lugar de la tumba de S. Eufrasio, al contemplarla tan humilde, entre tanta belleza del lugar. Damos las gracias a D. Miguel Ángel y D. Manuel, por sus desvelos y sus deseos por complacer al grupo. Gracias de corazón, por tanto recibido y esperado repetir en otras peregrinaciones.

Al concluir esta peregrinación a la Tumba de San Eufrasio, queremos agradecer de corazón a los sacerdotes don Miguel Ángel y don Manuel su acompañamiento, cercanía y dedicación, que nos han ayudado a vivir estos días con fe, alegría y fraternidad. Gracias por las celebraciones, las palabras de aliento y los momentos compartidos, que han hecho de esta experiencia un verdadero encuentro con Dios y con nuestras raíces cristianas. También damos las gracias a todos los peregrinos de la Diócesis de Jaén por su amistad, generosidad y buen espíritu. Juntos hemos compartido oración, cultura y convivencia, creando recuerdos que permanecerán en nuestra memoria. Que San Eufrasio, patrono de nuestra tierra jiennense, interceda por todos nosotros y nos ayude a seguir caminando unidos en la fe. ¡Viva San Eufrasio y viva la Diócesis de Jaén!

 

¿Quieres vivir la próxima peregrinación con nosotros? Síguenos en peregrinacionesjaen.es y estate atento a las próximas convocatorias. ¡La fe también se camina!

 

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